Hay propuestas a las que por A o por B, uno no puede negarse. Como es el caso, intentar ir a “Cabezas” a jugar con el manto helado producto de los días soleados junto a las pelonas nocturnas.
Juanma, Laura y el que suscribe, salimos camino de la vertiente norte a poco más de las siete de la mañana, aún de noche. No somos los únicos que hemos pensado lo mismo, pues otros más rápidos nos adelantan (no vayamos a pisarles la vía y a dejarles sin hielo…).
Somos conscientes de que las condiciones ni mucho menos se parecen a las de otros años, cosa que confirmamos una vez llegamos a los tubos: leve capa de nieve polvo sobre roca o hielo. Y el hielo muy duro, estalladizo y sin espesor considerable.
Somos conscientes de que las condiciones ni mucho menos se parecen a las de otros años, cosa que confirmamos una vez llegamos a los tubos: leve capa de nieve polvo sobre roca o hielo. Y el hielo muy duro, estalladizo y sin espesor considerable.
Para aprovechar el día, Juanma y su ansia viva, insisten en que tiremos ya que estamos allí para arriba. Eso hacemos y en ocasiones pasos que se hacen de forma relativamente bien y sin problema alguno con nieve dura y buen hielo, pueden resultar comprometidos en estas condiciones, y quizá sea esto, entre otras cosas, lo que le dé en parte atractivo a las actividades invernales, el saber que cada vez que hagas algo, es difícil que sea igual que en las anteriores ocasiones. Cada vez es diferente.
Agradable jornada para las mentes, que no para los pies de algunos, y más después de la bajada con los botones por la pedrera…




