"...cuánto más sencillas son las cosas que haces, más ricas son las experiencias que extraes..."

Pinchando "algo" en Cabezas de Hierro

Hay propuestas a las que por A o por B, uno no puede negarse. Como es el caso, intentar ir a “Cabezas” a jugar con el manto helado producto de los días soleados junto a las pelonas nocturnas.
Juanma, Laura y el que suscribe, salimos camino de la vertiente norte a poco más de las siete de la mañana, aún de noche. No somos los únicos que hemos pensado lo mismo, pues otros más rápidos nos adelantan (no vayamos a pisarles la vía y a dejarles sin hielo…).
Somos conscientes de que las condiciones ni mucho menos se parecen a las de otros años, cosa que confirmamos una vez llegamos a los tubos: leve capa de nieve polvo sobre roca o hielo. Y el hielo muy duro, estalladizo y sin espesor considerable.
Para aprovechar el día, Juanma y su ansia viva, insisten en que tiremos ya que estamos allí para arriba. Eso hacemos y en ocasiones pasos que se hacen de forma relativamente bien y sin problema alguno con nieve dura y buen hielo, pueden resultar comprometidos en estas condiciones, y quizá sea esto, entre otras cosas, lo que le dé en parte atractivo a las actividades invernales, el saber que cada vez que hagas algo, es difícil que sea igual que en las anteriores ocasiones. Cada vez es diferente.
Agradable jornada para las mentes, que no para los pies de algunos, y más después de la bajada con los botones por la pedrera…

Dentro de "El Laberinto", La Pedriza

Aquí dentro uno se siente como si estuviese de nuevo descubriendo La Pedriza. Sitio en el que afortunadamente no pasa el tiempo, solitario, recóndito, que pasa desapercibido...Ideal para pasar una mañana, pensar, aislarse del mundanal estrés de la ciudad.
Hoy, oímos de cerca como planean los buitres, y como podemos, nos vamos abriendo paso por el a veces caos de bloques por el que discurre nuestro paso, sintiéndonos observados por nuestros amigos alados desde las alturas.

Viaje al "Parque de sueños"

Han sido 14 años y medio de vida…casi tantos como los que llevo en compañía de su dueña…Carreras por el parque, un carácter perruno como se ven pocos…eran una más en la familia y ella lo sabía. Ahora se la echa tanto de menos…
Dolly tuvo fuerza para ver los Galayos desde la puerta del mismísimo Refugio Víctori cuando aún era una “chavalita”. No se vino abajo, al revés, dejó el pabellón bien alto y nos dio una lección a los que pensamos que lo mismo habría que echársela a la chepa en “La Apretura”.
Como gran perra Pastor Alemán que era con mezcla de Alsaciano, nos demostró que no por ser un animal casero de compañía, echarse sus buenas siestas en sofá o cama, y tan sólo correr detrás de las piedras que la tirábamos, era fuerte física y psicológicamente. Aún me acuerdo la cara de cansancio que traía en el asiento de atrás, de regreso a Madrid.
Hace unos días tuvimos que dormirla. Que menos que estar con ella, acompañarla en su último sueño y recordarla con unas fotos y unas palabras por aquí.
Estés donde estés Dolly, esperamos que seas feliz en tu parque de sueños y comas mucho corderito, que sabemos era tu plato preferido.